Aunque las chicas que trabajan en editoriales son una especie aparte que nunca acabaremos de entender, nos siguen gustando los libros. Son como la bacteria buena que se cuela en nuestro maldito actimel todas las mañanas. Aquí tienes dos reseñas nada aburridas de dos libros que seguramente planees comprar. El primero porque es lo último de Bolaño, y el segundo porque la portada es morada.
Trabajo en el departamento literario de una editorial. Es decir, trabajo con literatura. Supongo que sentirás cómo la envidia te corroe al pensar que vivo en un mundo de champán, sexo sin condón, fiestas con Ray Loriga y textos inéditos de Muñoz Molina pero me gustaría que supieras que me paso los días en un triste despacho con una ventana que da a un patio interior leyendo manuscritos de libros de autoayuda.
Hace dos semanas este tio nos llamó a las 6 de la madrugada gritando que estaba fuera de la oficina y que quería escribir un artículo sobre 'música que se autodestruye'. Luego soltó un 'Sé qué tenéis cerveza allí dentro. VENID A ABRIRME', y colgó. Cuando no está ejerciendo de gillipollas por Barcelona, inventa personajes reprehensibles que populan sus relatos cortos y amargos como los dos que vienen abajo.
También mantiene un blog literario, informado e irreverente con el titulo Mondo Nuclear.
Julio Fuertes Tarín (Cheste, Valencia, 1989) es un joven apuesto y alocado que sólo se dedica a escribir, leer, aporrear la guitarra y beber bourbon a palo seco. Tiene mucho talento para la escritura y su relato "Una deslumbrante muestra de esplendor heterogéneo" ha ganado la última edición del Premio Booket de Jóvenes Talentos, un jugoso premio de Planeta que es a lo máximo que puede aspirar un joven escritor del siglo XXI. Este chaval es tan majo que nos ha cedido un relato inédito, que se encuentra, ¡quien lo diria!, abajo.
Elizabeth Pisani es una mujer inteligente: una periodista que se convirtió en científica después de doctorarse en epidemiología y que trabajó para la Organización Mundial de la Salud, el Banco Mundial y el programa UNAIDS. También es la autora del aclamado The Wisdom of Whores: Bureaucrats, Brothels and Business of AIDS, libro que aún no está traducido al español y que, si alguien inteligente lo traduce, lo titulará: La sabiduría de las prostitutas: burócratas, burdeles y la industria del SIDA. Se trata de un bestseller que resume las miles de formas en las que las Naciones Unidas han derrochado miles de millones de dólares intentando combatir el VIH y el SIDA porque quieren ignorar el hecho de que la enfermedad la contagian en gran parte las prostitutas, los gays y los que se inyectan droga.
El novelista californiano de culto Jonathan Lethem (Huérfanos de Brooklyn, La Fortaleza de la Soledad...) se ha atrevido a hacer un remake del cómic homónimo de los 70 con un sobresaliente resultado. Es de agradecer que el escritor haya apostado fuerte por el surrealismo y el metalenguaje –sí, ya sé que la palabrita da rabia, a mi más aún-, generando un producto que garantiza una lectura lisérgica con regustillo a peli indie noventera.
Errol Flynn era uno de los nuestros. Esta frase es
tan imprecisa como mentirosa. ¿De los nuestros? ¿De qué nuestros? Ya me gustaría
a mí (que he escrito la frase) ser de los suyos. No ya por el cine, que también:
ponerse unas mallas verdes, saltar de cortina en cortina, partir flechas por la
mitad y matar al sheriff de Nottingham debería ser la fantasía infantil de
cualquier persona medio normal. No por eso, no. Sino por lo que vino después,
cuando seguías viendo a Robin Hood o al Capitán Blood con unos años más y allí
estaba ella: Olivia de Havilland, la mujer que justificó la invención de los
escotes y la ropa ajustada mucho antes de que una Scarlett Johanson cualquiera
se lanzara al mundo a hacer promociones de Central Lechera Asturiana cada vez
que sus tetas asoman por la pantalla. En “Aventuras de un vividor” está Olivia
de Havilland, claro, pero también mucho más y muchas más: en esencia, la vida
de Errol Flynn no deja de ser un manual de cine, literatura, drogas,
borracheras y chavalas en la primera mitad del siglo XX. O sea, todo eso que
nos gusta. Pero multiplicado por mil.
¡Cosmopolitas del mundo! Dejad por un momento de actualizar el fotolog y atended, por favor, que Juanjo Sáez os recomienda esta novela gráfica. A los que odiéis con toda vuestra alma al vividor del cuento de marras, os pido amablemente que sigáis leyendo ya que My Brain Is Hanging Upside Down tiene muchas papeletas de ser también de vuestro agrado.
Imbécil y Desnudo (Ed. Leteo), de Rubén Lardín, es el libro que más nos ha tonificado el intelecto desde hace más tiempo del que queremos recordar. Y ojo, que más de uno hemos leído, ¿eh? Responsable de la sección de crítica literaria de nuestra revista, amén de firmante y sonante de una estupenda biografía de Sam Peckinpah, de varios libros más dedicados al cine fantástico y de una larga ristra de artículos escritos a degüello que han ido apareciendo desperdigados en distintos medios, Rubén cruza en Imbécil y Desnudola frontera entre lo virtual y lo tangible, entre el blog cibernáutico y el volumen en papel, y narra su (casi) día a día sin que el formato diario, tan manido, resulte en ningún momento ni ombligocentrista ni redundante. A estos que lo son, al menos, no se lo ha parecido… Lo que sí nos ha parecido es que una entrevista con este hombre era obligatoria y ya tardaba; que las posibles acusaciones de nepotismo por el hecho de ser Rubén colega nos la repampinflaban, y que la cosa se tenía que desarrollar como se desarrollaban antes las cosas: de frente y a bocajarro. Ante ustedes, la descojonación.
Si un cómic es desterrado de la editorial que lo vio nacer porque los jefazos no pueden dormir tranquilos por la noche sabiendo que están publicando material “altamente ofensivo para el lector”, vale la pena echarle un vistazo. Si encima su creador es Garth Ennis, el irlandés que en los 90 pegó a la industria una patada en los innombrables con El Predicador, la irreverencia y el humor negro están garantizados.
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