Un buen film giallo, para que verdaderamente sea la hostia, debe reunir unas condiciones muy concretas: unas localizaciones impresionantes con las que el espectador no se sienta identificado; chicas bellas y carismáticas de todo tipo que se complazcan en vestir trajes de fantasía y mostrarse como las perracas que son; una banda sonora ecléctica y brillante obra de un sólo compositor, y un homicida maníaco sexual de identidad desconocida que siempre lleva unos elegantotes guantes de cuero negro. A continuación, para información y solaz de todos, una lista de ocho giallos arquetípicos.
Recuerdo la primera vez que vi un combate de lucha libre japonés, modalidad femenina. Yo estaba en un hotel de Tokyo, pasando de un canal televisivo a otro, y de pronto ahí estaban, en pantalla, dos mujeres tratando de romperse mutuamente los brazos mientras proferían tremendos alaridos. Su aspecto era salvaje; daban mucho más miedo que sus contrapartidas americanas, que siempre tenían un aire vagamente sexy al estilo de She-Ra.
Rodado en el año 2000, el documental Gaea Girls es una mirada impasible al abuso mental y brutal entrenamiento físico al que estas mujeres han de someterse durante su preparación para su primer combate.
No hay forma humana de abarcar la personalidad y obra de Alejandro Jodorowsky en pocas palabras. Al igual que un gato viejo, este hombre ha tenido muchas vidas: cineasta, bailarín, escritor, innovador artista de teatro y mímica… También ha sido guionista de comics, periodista y mago y ha echado las cartas del tarot en prácticamente todos los cafés de París. Allí precisamente nos encontramos con él, en su casa en París. Se le había olvidado por completo que tenía una entrevista concertada; aun así, sacó tiempo para compartir con nosotros unos cuantos recuerdos.
Lentos que somos, si en la primera entrada sobre el festival In-Edit señalábamos que había arrancado pocos días antes, en esta segunda tenemos que empezar diciendo que terminó ayer, cachislamar. La inmediatez, las posibilidades de aquí-te-pillo-aquí-te-mato que ofrece Viceland se van una vez más al garete por culpa del factor humano y el factor bandarra. En fin, tanto da que del In-Edit 2009 tengamos ya que hablar en pretérito porque unas cuantas películas nos hemos visto y sus reseñas las publicaremos aquí de todas formas, que para algo estábamos acreditados y nobleza obliga. En esta segunda entrega de la saga in-editera damos cuenta de Marc Bolan: The Final Word, film que repasa la vida corta pero jaranera de Marc Bolan, el duende mod, luego folkie, luego hippie, luego glam y luego nada, y de Tonite Let’s All Make Love In London, veraz documento de que, más allá de los clichés sobre su condición de efervescente vivero cultural y crisol de una revolución juvenil y pop y blablabla, si algo caracterizaba el Londres de mediados de los 60 era la afectación, la fatuidad y la pose. Hala,p’adentro.
Para nuestro especial Cine, Andy Capper escribió un artículo sobre la escena Nollywood nigerianay prometió subir en YouTube algo del material de esos DVDs que se agenció en un internet café (y restaurante de muslos de pollo) de Liberia. Nos ha llevado un poco de tiempo hacerlo –los discos estaban jodidos– pero al fin os podemos ofrecer una especie de "Grandes Éxitos" de la (esperemos) próxima saga ganadora del Oscar, 666 (Signs of End Time).
Arrancó hace unos días la séptima edición del In-Edit, certamen barcelonés que brinda la oportunidad de ver en pantalla grande films documentales de los que quizá jamás habríamos tenido noticia. O tenido que resignar a ver en casa, en pantalla diminuta. El pasado año Vice aportó a la programación Heavy Metal In Baghdad, y de la fiesta posterior conservamos recuerdos fragmentados. En esta nueva edición aportamos nuestra humilde presencia en las proyecciones que mejor encajan en nuestro horario laboral, y puntuales reseñas de las películas vistas, que iremos publicando aquí en Viceland a lo largo de estos días. Empezamos hoy con las dos que cayeron durante el fin de semana: The Agony And The Ecstasy Of Phil Spector, centrado en la figura del famoso productor pistolero, y Don’t Be Denied, una panorámica sobre la trayectoria discográfica de Neil Young. 3, 2, 1…
En el verano de 1976, me pidieron que hiciera unas fotos para la edición
navideña de la Vogue francesa. Roman Polanski, Nastassja Kinski y yo nos
encontramos en la República de las Seychelles, uno de los lugares más hermosos
en los que he estado. Muy pocos sitios son exactamente como piensas que son
antes de visitarlos. Nueva York es uno de ellos, y las Seychelles, otro. En ese
tiempo, el lugar era virgen. Apenas había comunicación con el continente, ya
que el teléfono del bar del hotel casi nunca funcionaba. Todo era tan casual
que no había ni que vestirse. Todo el tiempo estuvimos en traje de baño y
playera. No había un solo turista en kilómetros y kilómetros de arenas blancas.
Para la cena, los pescadores locales nos traían algo del botín del día.
Nuestras cabañas no tenían ni puertas ni ventanas. Era otro estilo de vida.
Hay mujeres que utilizan su tubería abdominal para
ganarse 90.000 euros ayudando a una pareja a tener un bebé. Hay mujeres que
usan la vagina para ganarse 90.000 dólares follándose a otras mujeres en una
peli porno. Si somos realistas, ninguno de estos dos escenarios es lo normal, y
ambos son igual de extraños y sucios; sin embargo, el primero implica
inyectarse hormonas durante meses, mientras que el otro sólo implica aguantar a
unas perras lesbianas durante unas horas. Como soy una persona con poco dinero y aún menos inhibiciones respecto al sexo, elegí el camino rápido.
En el primer fin de semana del festival destacó principalmente el chavalín de la foto, Jamie Campbell, el cual desató una auténtica locura en el estreno de un tráiler de Crespúsculo: Luna Nueva, la segunda película de la famosa saga vampírica adolescente. Alucinante, ver todo el recinto del auditorio lleno, tan solo para ver a este hombre y un par de escenas dobladas al castellano. Gente de toda España durmiendo fuera del recinto estaba esperando su llegada y todo fue al estilo del Hollywood más pasado de rosca, con alfombra roja y miles de fans batallando por un autógrafo.
Muchos pensaran “niñatos, freaks, patético… etc, etc”, pero desde mi punto de vista este fandom es el que hace que aguanten los grandes espectáculos audiovisuales. Un diez para la hinchada loca y un diez a la promotora del film por el regalo de merchandising a todos ellos. Joder, así se trata al público, caray, mimándolo. Ya está bien de aprovecharse y subir precios en todo, sacar ediciones especiales y mil chorradas más.
Este pasado fin de semana en Sitges parecía que el verano no había acabado, sol, playa, caipirinhas y yo encerrado todo el día en una sala sin luz y viendo proyecciones sin parar. Sobredosis de cine por la vena.
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