Ramón San Miquel forma parte de una escuela de artistas españoles que, la verdad, no me gusta demasiado. Al igual que sus colegas, el fotógrafo Alberto García-Alix, y el pintor al óleo Jorge Isla, los temas que trata están relacionados con personas marginales de la vida real: artistas de piercing, drogadictos y chicas desnudas, temas que, supongo, ya eran contraculturales pero ahora parecen deprimentes e idiosincrásicos. Por alguna extraña razón, todavía le interesan a buena parte del público español.
Ramón nos trae hasta Manresa, un pueblo medieval en la sierra de Cataluña que está a dos horas de Barcelona. Divide su tiempo entre la antigua clínica dental de su abuelo y un estudio en la sierra de Madrid. Ya ha anochecido y, a medida que vamos llegando, las sombras negras se convierten en montañas y colinas. Un pico en concreto parece, a lo lejos, un castillo propio del Nosferatu de Herzog, hasta que bordeamos la colina y vemos que en realidad no es más que una roca negra más.
A pesar del suelo de mármol verde de la clínica, los armarios llenos de botellas y baratijas, y un tejón “que aún no tiene nombre”, el estudio de Ramón parece casi un hogar. Copias y originales de su obra cuelgan de las paredes del pasillo y del salón, colgados de forma aleatoria como haría una abuela con las fotografías de sus familiares. Sobre una estantería, en una urna de cristal, hay una calavera humana que tiene unos dientes sorprendentemente blancos. Perteneció a su abuelo, nos cuenta. Se le había muerto un paciente de 14 años por un accidente, y consiguió enterrar el cuerpo sin la cabeza. Mientras nos cuenta esto, Chus (su compañera), aparece con grandes trozos de pastel de frutas casero en platos de porcelana.
De toda tu obra, mi cuadro favorito es en el que aparecen dos chicas en un sofá, compartiendo un porro [Las Potriyas]. Me recuerda a la obra de Juergen Teller o a la de Richard Kern.
Richard Kern me gusta mucho. El punto que sabe sacar... Sabe sacar del modelo lo que él quiere. Quiero hacer lo mismo, trasladar a través de mí toda la carga erótica al papel. Casi no intervengo. Quiero captarlo de la manera más pura, y Richard Kern, para mí, consigue eso.
¿Pintas a partir de fotografías?
Son una buena herramienta para ahorrar tiempo si no puedo realizar sesiones suficientes con una modelo, pero siempre intento tener tres o cuatro sesiones con la modelo. Como pasó con Clementina, voy a su casa y la pinto, la veo en su microcosmos. Eso es lo que quiero sacar de ella. Y esa sexualidad que tiene, que se sale casi por los poros.
¿Cuánto tiempo te lleva pintar un gran retrato?
El de Clementina me llevó tres meses, desde los primeras bocetos. Hago muchos bocetos antes de pasarlo a limpio. Me obsesiono bastante para poder sacar algo semejante a la realidad.
Dices que intentas mostrar a las modelos tal y como son, pero ¿no corres el riesgo de añadir simbolismo a la obra? Como en este cuadro de Clementina.
Yo aquí veo sangre.
Sí, eso es lo que quería decir, al colocar el chal así…
¡No! Eso ya estaba ahí. Ese pliego estaba ahí. No lo hice a propósito, pero en esa época estaba en el precipicio que lleva al agujero negro.
Entonces, ¿es como un accidente hermoso? Sus piernas están tan abiertas que puedes verlas como si fueran flujo menstrual, o de forma que parecen un corazón.
Es un Sapuko moderno, un Hara Kiri moderno.
Creo que ya te había dicho que lo que más me gusta de tus desnudos es tu forma de pintar los pechos. Creo que nunca había visto unas tetas tan realistas en el mundo de la pintura.
Son de las partes mas difíciles de pintar. Y cuando algo es difícil, me obsesiona y quiero pintarlas tal y como son. Igual que las manos, que también me obsesionan. Las tetas mas difíciles fueron las de las Tres Gracias, la de la derecha. Fue el pecho mas difícil que he pintado nunca, pero también por la figura - - El pecho, por decirlo matemáticamente, es medio esfera, y medio cono. Y hacer eso en dos dimensiones es bastante complicado.
Una vez retrataste a una amiga mía, igual recuerdas que nos conocimos en la inauguración de esa exposición.
Sus tetas eran maravillosas. Querría haberla incluído en una serie que estaba haciendo sobre chicas drogadas. Quería que fumase opio pero al final la idea no salió adelante.
Eres un médico con carrera, ¿verdad?
Sí, pero ya no ejerzo. Mis amigos solían llamarme Dr. Mengele. Estaban de coña. No he matado a tanta gente. De ahí viene la grandeza de tu obra. Hay algo de romanticismo gótico en algunos de tus cuadros.
Huyo del gótico. Me gustaría quitarme el sambenito. Pero sí que tengo ese punto simbolista. En cuanto a lo de ser medico, he visto a morir mucha gente. Supongo que esas cosas se te quedan ahí.
¿Eliges a propósito modelos que están tonteando con la muerte o que son problemáticas?
Yo no lo veo como gente tonteando con la muerte. Lo veo más como gente disfrutando de la vida, o aprendiendo de ella. Por ejemplo, en Las Potrillas, mucha gente ha dicho que parecen anoréxicas, pero estaban bien, venían de buenas familias. Pero la chica de las Tres Gracias, por ejemplo, me habías dicho que la habían ingresado antes de que pudieras terminar el retrato…
Si, eso fue un fatídico incidente que complicó la realización del cuadro. Pero el cuadro sigue como una alegoría de la juventud, y es una historia personal que habla de ellas tres a la vez como crónica de lo que pasó. En la serie de Martyrs, por ejemplo, las personas tienen psicologías por todas partes. Yo lo traslado a mi mundo, a mi terreno.
Lo que me parece oscuro no es la tendencia a retratar lo que pueda ser erótico en un personaje, sino añadir o proyectar tus fantasías, como artista, en el cuadro. Así se convierte en víctima.
Te comenté que me siento absolutamente libre para pintar lo que quiero, independientemente de la temática, ya sean personas objetos o paisajes y no me ato a ninguna preferencia estilo o corriente. Hago lo que quiero.
Vale. ¿Por qué pintas desnudos?
Considero que el desnudo es la persona en sí. Es lo más esencial. No creo que el hecho de pintar un desnudo lo haga por escandalizar.
Yo no creo que la gente se pueda escandalizar por un desnudo, sobre todo en el mundo del arte. Hasta el Tate Britain exponia el trabajo de Cosey Fanny Tutti....
Yo creo que sí, que la gente sigue escandalizándose. Y me extraña que haya gente que se escandalice con este tipo de historias. Y además, dices que todo el mundo pinta desnudos, pero no creo que todo el mundo pinte desnudos como se deberían pintar. En un desnudo, es tan importante una mirada como un pecho.
Muchos de los temas que tratas también son adolescentes.
Me atrae todo lo bello y la adolescencia en particular contiene mucha más belleza que otras fases de la vida... todo está cambiando en esa etapa. El cambio me atrae.
Imagino que estoy llegando a la línea que existe entre lo erótico, que estoy de acuerdo en que consiste en mostrar la sexualidad inherente del sujeto tal y como es, y la pornografía o lo obsceno, que consiste en proyectar tus fantasías sobre una modelo, convirtiéndola en un objeto. No estoy seguro en qué lado estás.
Todos los médicos son sádicos. Los que operan, en el fondo, son sádicos. Yo no me creo sádico del todo, pero quizás sí que hay algo de eso. Igual un lastre que llevo es que me meto en esa dicotomía. Que estoy a dos bandas, y no sé muy bien por dónde ando. Ése es el lastre que llevo, la represión católica y todas esas historias. Es una labor; una vez que te lo han metido dentro, tienes que trabajar para quitártelo para nacer otra vez. Eso sí que está.
Me resulta interesante que los españoles lleven esa carga, que el catolicismo siga ejerciendo tanta influencia.
Por ejemplo, los jóvenes que conozco, son de otra generación. Ellos siempre han construido. Yo he tenido que destruir para volver a construir. Pero, aun así, siempre llevo una mancha.
Para mí, la Iglesia era un lugar siniestro. Hablaban de la muerte, la muerte inminente. Era todo “reñir pecados, pecar, reñir pecados, pecar.” Tuve eso metido en la cabeza cuando tenía 12 años. Eso creía. Claro, y vivía angustiado por toda esta historia. Pero con 14 me dije, “vale, voy a utilizar a los del Opus Dei antes que ellos me utilicen a mí."
Fotos: SANDY MIRANDA.
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ramon sanmiquel eres buenísimo, pintando desnudos, vestidos, óleos, cortando cabezas o lo que se te ponga por delante! incluso cuando pintas el mar parece una foto real... y tu amigo garcía alix también, además gracias a él hay una buena historia fotografiada de una época en concreto que si no fuera por él no tendríamos nada con que hacernos una idea de como fué la movida...
Publicado por: rosa | 09/01/10 en 17:30
Una pregunta, si no os gusta este tio ¿porqué le entrevistais? ?!?
Publicado por: Pablo | 17/01/10 en 16:49