Desde los rascacielos hasta las tetas de Alaska, existen cosas en la naturaleza que son casi elementales en su inmensidad. Enormidades que nos hacen sentir insignificantes y que a la vez reafirman nuestra humanidad. Quizás sea por esto que no haya nada que más te haga exclamar ''¡Hostia puta!" que ver caer algo realmente grande. Piensa en la majestuosidad en bruto de una ballena dando un salto, o en el derrumbamiento de un edificio de apartamentos. Eso sí, no hay nada en este mundo más asombroso que ver a un niño gordo pegarse un hostión con la bici.
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