A principios de la década de los '90, Stephan Harbort, un joven estudiante de policía, se percató del importante vacío que existía en relación a la investigación alemana de asesinatos en serie. Desde entonces trabaja descubriendo los enigmas de los asesinos y homicidas más perturbados del país germano.
Cuenta con un importante archivo de unas 250.000 páginas y ha entrevistado a más de 70 asesinos en serie. También ha hablado con víctimas que lograron escapar y con amantes y familiares de los homicidas. Además se ha leído toda la bibliografía americana referente a asesinatos en serie, escrito 16 libros sobre dicho tema y trabaja actualmente como asesor para los programas de la televisión alemana sobre asesinatos, que emiten los domingos por la noche cuando nadie puede dormir después de haber parasitado todo el día en el sofá. Su último libro, Ich liebte eine Bestie- Die frauen der Serienmörder, trata exclusivamente de los asesinos en serie alemanes, y nosotros queríamos saber cómo hay gente capaz de citarse con este tipo de monstruos.
VICE: Mr. Harbort, ¿qué tipo de persona se citaría con un asesino en serie?
Mr. Harbort: Bueno, imagínate a la típica mujer que suele sufrir de celos...
Hmmmmm... Vamos, como casi todas las mujeres que conozco.
Ahora imagina a alguien con quien nadie quiere hacer nada y que nunca puede ponerse delante de nadie. Alguien que, simplemente, no puede hacer trampa. Ese requisito previo resulta increíblemente atractivo para algunas mujeres.
¿Así que no el carisma y el encanto tipo Manson lo que las vuelve locas?
Curiosamente, todas las mujeres a las que entrevisté repitieron la misma cosa. “Fue el primer y único hombre al que le gusté tal y como soy”. Por lo que no suele estar relacionado con lo que hagan criminalmente hablando, sino cómo tratan a las mujeres... Saben hacerlas sentir especiales -que es lo que generalmente todas las mujeres buscan, verse especiales ante los ojos de su pareja-.
Suena casi como el diario de Bridget Jones. En cualquier caso, ¿dichas parejas suelen cometer crímenes juntos?
Se conocen algunos casos sobre 'parejas-asesinas', si quieres llamarlas así, pero el hombre acostumbra a ser la fuerza impulsora. Al asesino le gusta hacer partícipe a su pareja presentándose en público con ella y, también, por ejemplo, quitando las joyas de sus víctimas.
Hay una cosa que siempre he querido saber, ¿existe alguna experiencia puntual que impulse a la gente a matar por primera vez?
Sí, claro. De hecho, hay una gran variedad. Pero si se observa a los asesinos en serie, especialmente a los más sádicos, parece que fueron testigos, en algún momento de sus vidas, de masacres de animales. ¿Puede darnos algún ejemplo de algo que provocara a uno de estos tipos a iniciar su serie de asesinatos?
Sí. Hay uno que era el típico joven que pasaba totalmente desapercibido. Sus padres se divorciaron porque su padre se enamoró de una mujer a la que él nunca aceptó. Los conflictos entre ellos nunca cesaron y, cada vez que comenzaba una pelea, se sentía abrumado por el odio y sentía impulsos de matarla. Pues se escapó de casa y cada vez que veía a alguna mujer similar a la esposa de su padre, ardía en deseos de apuñalarla. Cuando por fin lo atraparon le preguntaron por qué no había matado a la mujer de su padre y él respondió: “no quería hacer daño a mi padre”. Esta es una situación típica en la que alguien queda atrapado emocionalmente y únicamente puede salir de ahí cometiendo crímenes brutales.
Todo esto suena muy retorcido. ¿Se suele encontrar este tipo de lógica entre las personas?
Un hombre, por ejemplo, mataba de forma rutinaria a mujeres de una determinada edad. Las seguía a sus casas, fingía ser un cartero o algo parecido, y después las mataba y robaba. Explicaba que para él era como un 'trabajo'.
¿Quieres decir que igual que yo voy al trabajo, él se dedicaba a matar mujeres?
Lo cierto es que nunca había hablado con una persona tan fría y racional como este tipo. Él dijo: “necesitaba dinero y por eso lo hice, punto”.
¿Y nunca tuvo ningún remordimiento?
Bueno, una vez que estuvo en en el apartamento de una anciana. Ella se encontraba en desventaja ya que tenía que caminar con un bastón, pero él tenía miedo de que le pegase con él, así que la ató en una silla de la cocina. Luego le puso una bolsa en la cabeza e intentó estrangularla. Pero, de pronto, vio una foto de ella con sus nietos y me contó: “cuando vi que tenía nietos, tuve que parar”.
Entonces, ¿la dejó en paz? ¿Se fue?
Guardó la foto en un sitio donde no pudiese verla y pensó: “bueno, ahora ya está, puedo seguir haciendo lo que he venido a hacer”. Cada perturbado tiene su propio punto débil. Si logras encontrarlo, tienes posibilidades de sobrevivir.
¿Y qué debería hacer si me encuentro con un lunático como éste?
Había un tipo muy sádico que solía dejar en libertad a sus vícticas y le pregunté por qué. “Bueno, yo quería que las mujeres me tuviesen miedo y me gustaba ver sus reacciones físicas. Quería ver sus ojos, tenían que temblar de miedo. Las mujeres que mostraban esta reacción estaban perdidas. Sin embargo, otras mujeres se ofrecían a darme un beso o a hablar de mis problemas, y cuando lo hacían me sentía muy inferior, y me percataba de lo repugnante que puedo llegar a ser. Me sentía tan pequeño que tenía que salir de allí.”
Después de haber atrapado a muchos de estos enfermos, ¿alguna vez piensas “wooow, hay algo oscuro en esta persona...” cuando te encuentras con alguien en tu vida privada?
Procuro tener cuidado de no utilizar mi experiencia profesional en la vida privada. Sería demasiado. Resulta una carga muy pesada y, en ocasiones, hay que hacer un descanso.
Me imagino su trabajo como el de Clarice Starling. ¿Los asesinos juegan así con usted?
A veces sí. Mi primera entrevista en 1997 fue un caso de éstos. El asesino se suicidió seis años después. Fue una entrevista muy rara que se prolongó durante casi siete horas. Ocurrió en una cárcel de máxima seguridad. El hombre había matado a tres personas (dos mujeres). La trabajadora social me contó que todavía trataba de salir ya que era consciente de que su petición de clemencia había sido denegada y sabía que moriría en prisión. Se le definió como altamente peligroso debido a que mientras estaba en la cárcel ya había intentado matar a otros dos hombres. Por ello, pasó veinte años en confinamiento solitario, era incapaz de integrarse. La habitación en la que estuve con él parecía estar perdida en el tiempo, no tenía reloj ni adornos en las paredes, únicamente había una mesa, dos sillas y un botón de alarma rojo brillante.
Siniestro.
Es más. Cuando el guardia me llevó a la habitación me advirtió que tuviese cuidado, que seguía siendo muy peligroso. Yo pensaba en si debería saber algo más antes de sentarme a solas con él en la habitación. Pero el guardia me volvió a comentar que si tenía algún problema que no dudara en pulsar el botón rojo y, a ser posible, que me sentase junto a dicho botón durante la entrevista. Vamos, que no era una situación de calma ni mucho menos.
¿Y qué hizo este sujeto?
Estaba saltando, me quitó el bolígrafo y me dijo: “Mira, te voy a clavar el bolígrafo en el ojo hasta que te llegue al cerebro.” Me sentí como un conejo delante de una serpiente. Lo más impresionante fue cuando intentó reírse y su cara hizo una mueca terrorífica. Se le notaba completamente vacío como persona, sin emciones. Esto ocurrió hace doce años, pero aún no tengo palabras para describir exactamente lo que pasó.
¿Tienen posibilidad de quedar en libertad los asesinos en serie en Alemania?
No es que no se pueda redimir a todos los asesinos en serie. Estoy en contacto con un par de personajes como este último, que fueron liberados hace un par de años y, de momento, su comportamiento es impecable. Pero es cierto que si se mata una vez, es muy probable volver a hacerlo.
¿Cómo matan los asesinos alemanes?
Bufff... Hay un amplio abanico de posibilidades. El 15% de los asesinatos son producidos por asfixia, estrangulamiento, apuñalamiento y disparo con arma de fuego. Realmente, no hay ninguna diferencia con el resto de asesinos.
¿Y qué pasa con el canibalismo?
Sucede, pero sólo se da un 1% de los casos. Literalmente, nada. En la vida real no se suelen dar casos tipo Hannibal Lecter. Y si ocurre, no suele ser canibalismo en sentido original, sino que intentan hacer o trasmitir algo en concreto.
¿Cómo “el caníbal del Ruhr”?
Exacto. Joachim Kroll mató durante unos veinte años y asesinó a más de veinte personas en el área de Ruhr antes de que lo pillaran. ¿Trataba de comerse a la gente desde el principio?
Su problema era que no sabía cómo tratar bien a las mujeres. Kroll cometió su primer asesinato con la intención de mantener relaciones con aquella mujer. Pero durante este primer crimen se dio cuenta de que había un determinado curso de acontecimientos que le interesaban mucho mientras observaba la lucha a muerte. Sus asesinatos trataban sobre la observación de la lucha sobre la muerte. Por último, su fantasía evolucionaba hasta abrir los cuerpos para descubrir qué había dentro, lo que resultaba muy tentador para él. Durante sus primeros diecinueve años de homicidios, no llegó a cumplir su fantasía porque, como él dijo, no funcionaba.
Entonces, ¿pudo hacerlo durante su último año?
Cameló a una niña de cuatro años hasta su apartamento. Después le cortó las manos y el muslo a rodajas e hizo un caldo con zanahorias y patatas. O sea, como cualquier cocido, incluyendo la carne. Se justificaba argumentando que sentía curiosidad por conocer el sabor de la carne humana. Era una especie de fascinación mórbida, la culminación de su desarrollo pervertido. Todo lo que había hecho hasta ese momento no cumplía con sus deseos, necesitaba experimentar nuevas facetas.
Leí que era increíblemente tonto. ¿Cuál era su coeficiente intelectual?
Setenta y seis, lo que significa que casi era retrasado. Y una persona tan tonta sólo puede pensar que si se aseguraba de estar suficientemente lejos de su ciudad natal y de que sus víctimas no le conociesen, no habría forma de que le relacionasen con los asesinatos. Y con esta simple estrategia se libró de ser arrestado durante veinte años.
¿Qué pasa con las víctimas? ¿Hay algún factor que provoque convertirse en víctima?
Existen unos seis tipos de víctimas, por ejemplo, el asesino y la víctima se conocen por casualidad. Resultar 'disponible' es lo que hace parecer atractivo a este tipo de víctimas. No importa si se trata de un hombre, una mujer o un niño, siempre que se encuentre solo en el momento y lugar determinado. Después hay víctimas que mueren por estar ligadas de alguna manera al asesino, como un recién nacido que supone una amenaza para su madre. Son personas que mueren por lo que representa para el/la asesino/a. También existen casos excepcionales en los que el asesino tiene un patrón real como, por ejemplo, Jürgen Bartsch, que dijo: “Ya sabes, yo siempre iba detrás de chicos de ocho a diez años, delgados, esbeltos... Y si cumplían dichas características, me sentía completamente atraído por ellos”.
Tengo la teoría de que Armin Meiwes es un asesino en serie, aunque sólo ha matado a un chico. ¿Qué opinas?
Técnicamente no encaja en mi tipo de trabajo porque sólo ha matado a una persona. Pero este caso muestra que la etiqueta de 'asesino en serie' no es de carácter global. Hay miles de asesinos que fueron arrestados después de su primer homicidio, pero no hay duda de que podían haber seguido matando. Así que, realmente, sí serían asesinos en serie. Definitivemente, Armis Meiwes pertenece a esta categoría. Creo que la etiqueta para este tipo de asesinos aún no se ha definido.
Traducción de Janire M. Cabrera
Fotos de Christian Voy
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uau.
Publicado por: picknick | 23/11/09 en 19:11
Buenísimo. Me gustaría que hablarais también de las psicopatías más típicamente femeninas, como las ENVENADORAS. Es algo fascinante, una esposa envenenando poco a poco, gota a gota, a su marido durante años. Da más miedo incluso que el pirado que persigue niños de determinada estatura.
Publicado por: ardu | 24/11/09 en 11:42