Poco podía imaginar nuestro ilustre Antoni Gaudí que, ciento cincuenta y siete años después de que un tranvía se lo llevara por delante, la caterva de iluminados prebostes que a la sufrida ciudad de Barcelona le han ido tocando terminaría por convertir su Sagrada Familia en un mamotreto horroroso, una construcción tan fea que a estas alturas ya sólo se salvan sus grúas y sus andamios; que el ayuntamiento plantearía, y además sin reirse, cobrar entrada para acceder al Parque Güell, escudándose en el coste de su mantenimiento; y que cierto jueves, para más señas 29 de octubre, la Casa Batlló se encontraría dando cobijo a una de esas afamadas fiestas de Vice que colapsan las barras y los lavabos. ¿Una de las joyas del modernismo catalán albergando a un pequeño ejército de “moelnos” de variado pelaje? Vivir para ver.
La
excusa era perfecta, pero es que cualquiera lo es si de lo que se trata
es de beber por el morramen. Creo que en eso estaremos todos de
acuerdo. De lo que se trataba en esta ocasión era de presentar el
G-Shock, un reloj de pulsera que Casio se ufana en anunciar como
irrompible, lo cual nos parece perfecto ya que además de darnos la hora
podremos cascar nueces con él.
Huelga decir que la nutrida delegación japonesa se encontraba más que encantada de pulular por las tripas de uno de los edificios más representativos de su adorado Gaudí; un entusiasmo que se revela explícito por el rictus de felicidad y aires desencajados de Kikuo Ibe, el señor de la foto, inventor asimismo de la estrella de la noche, el mencionado peluco invulnerable.
Tan pronto vimos que el buen señor recobraba la compostura, aprovechamos la recién inaugurada japanische-catalanische freundschaft para hacer algo de trabajo de campo, no sea que se nos acusara de estar allí únicamente por la priba gratix. Nos explicó Ibe que la idea de inventar un reloj que no pudiese romper ni Rita Barberá sentándose encima la tuvo a los diez años de edad, cuando por culpa de una caída de lo más tonta se le cascó el precioso pero frágil peluco que sus padres le habían regalado. “¡¿Pero se puede saber cómo hacen ahora los relojes?!”, parece que exclamó el pobre crío. “¡Nunca más me pasará, ni a mí ni a nadie!” Conscientes de estar hablando con un tipo ingenioso y hábil, le sugerimos que a continuación podría ponerse a trabajar en un reloj que te siguiera hasta casa cuando te lo dejas en el cuarto de baño de la última inglesa megaborracha que conociste la noche anterior en el Sidecar. El japonés se hizo el sueco y tanto él como nosotros emprendimos caminos divergentes.
El centrocampista del RCD Espanyol Shunsuke Nakamura, un tío físicamente clavadito a un secundario que salía en una película de Johnnie To que ví hace poco pero de la que ahora no recuerdo el título, estuvo presente en el acto y soltó unas palabritas ante el micro. Desconocemos si a modo de obsequio recibió un G-Shock con el que nunca llegue tarde a un entrenamiento, pero gracias a Sunsuke nos hemos podido enterar por fin qué diablos está pasando con el affaire Raúl Tamudo. Por desgracia, lo que hemos averiguado es tan gordo que ni nosotros nos atrevemos a hacerlo público. Ya os enteraréis. ¡Gracias, Shunsuke!
Punto álgido de la noche fueron los excelentes canapés que por ahí rulaban. Nos consta que más de uno y más de dos se pasaron un buen rato persiguiendo las bandejas y salieron de la fiesta bien cenados. ¡Bien por ellos! A nosotros, y mira que fuimos con algo de hambre atrasada, se nos hizo un nudo en el estómago y pasó el apetito viendo el paripé que en el pequeño escenario se montaron Pignoise, quienes no conformes con amenizar mítines del PP se marcaron en la Casa Batlló un repertorio de poses y muecas al son de varias de sus canciones más sonrojantes. Afortunadamente, las curvas de muchas de las jacas asistentes distrajeron enseguida nuestras mentes del embarazoso espectáculo. ¡Caray, si hasta consiguieron que pasáramos por alto la prohibición de fumar en el recinto! Una prohibición que, huelga decirlo, acatamos con intachable, absoluto rigor.
Hubo disc-jockeys, cómo no, ya que en Barcelona crecen en las paredes (cuidado con dónde apoyáis la espalda) y se te pegan en la suela de los zapatos mientras caminas por las calles. En nuestro evento aparecieron varios; también se dieron actuaciones musicales tirando a descacharrantes y, como colofón, descubrimos a la salida a un operario entregado a la honesta labor de repintar el exterior de la Casa Batlló de vistosos colores. Gaudí probablemente no lo habría aprobado, pero el pobre hombre lleva ciento cincuenta y siete años criando malvas y ya no puede decir nada.
FOTOS: NATALIA GUARÍN
VISIÓN SESGADA DE LAS COSAS: JESS BURTON
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gracias jess por recordarme la noche, que tenía muchas lagunas como el concierto de Pignoise. mhas atragantao el colacao.
Publicado por: Salinas | 04/11/09 en 11:00
jajaj, grande la fiesta! totalmente de acuerdo con la versión sesgada de jess.
Publicado por: Fuckin' Bollocks | 08/11/09 en 22:14
Una fiesta espectacular... lo mejor las estatuas de hielo y los brownies!!!
Publicado por: munchi | 10/11/09 en 8:17
Jess, muchas menciones al pp en este artículo, no será....??????
Publicado por: picknick | 11/11/09 en 9:31