Caramba.
Uno siempre había dado por supuesto que seguir un estilo de vida
rockero, sea eso lo que sea, implicaba comer poco y mal, escuchar
discos a todo volumen hasta horas impropias de un ciudadano trabajador,
trasnochar al por mayor, seguir conductas sexuales de alto riesgo en
los lavabos de los bares y regresar a casa a primera hora de la mañana
macilento, ojeroso, tambaleante y apestando a sudor, alcohol, tabaco y
fluidos corporales. Caramba, digo, porque semejante apreciación se me
aparece ahora equivocada y ha tenido que ser un tío que diseña ropa el
que me saque de un error que yo, cejijunto que soy, he tenido como
verdad de la buena durante años. ¡Lo que son las cosas!
Puede que, con toda la histeria de la semana de la moda londinense, cualquier noticia que no estuviera directamente relacionada con el tamaño de las bolsas o pendientes hechos de latas de coca-cola o con la sangre de cachorros de hienas, haya pasado desaparecida. Bueno, ahora que todos los fashionistas han bajado de la nube de farlopa, cócteles gratis y Gareth Pugh, y dejan de acaparar la atención, te contamos algo raro que está pasando en Francia. Una ola de suicidios entre los empleados de una multinacional de telefonía.
Nacer con el otro sexo es duro pero nacer con la mitad de la especie incorrecta es una putada enorme. Kitty-Madison es un/a holandes/a cuyo único objetivo en esta vida es ser lo más sirena posible. Esta es su conmovedora historia, con sus propias palabras (ahora es cuando entran los violines).
El gran problema al que se enfrentan los músicos que alcanzan cierto nivel de éxito (popular; el artístico se les supone) es que inevitablemente acaban más mareados que un pato. Un conciertico aquí, un viajecito, un contiertico allá, sube que te llevo, vamos al hotel, este señor te va a hacer unas preguntas para una web de la que jamás has oído hablar, esta ciudad no sabrías situarla en un mapa (el país probablemente tampoco), otro concierto, sois un público maravilloso, las chicas de Berlín (o Viena, Sydney, Oslo, Nueva York, tanto da) son las más guapas del mundo, se me ha roto un cable, necesito pilas, la de ayer tenía hongos en el chichi, qué viaje más largo, conciertico que te crió, nuestro bajista es un imbécil, a ver si te cambias de calcetines, me quiero ir a casa, sois un público de puta madre, la última y nos vamos, la leche qué resaca, aquí no hay cobertura, otro concierto, ¿oye, cuándo sea acaba la gira? Apañados estáis, tíos: tras el festival Diesel U Music de este próximo sábado 26 en Madrid os quedan todavía cinco más en otras tantas ciudades, así que no hagáis planes hasta pasado diciembre. Aquí os lo contamos todo.
El pasado mes de agosto se celebró el gran evento de Casio: la presentación de su cadena G Shock en Nueva York ¡Todo un acontecimiento! Desde mucho antes de llegar a la entrada, justo en el corazón de Wall Street, se veían ya las enormes banderas que anunciaban que aquella iba a ser una noche de las grandes. No era para menos: una sala gigante de columnas, del tamaño que uno espera como propio del centro de la economía mundial, daba la bienvenida a la gente a una velada de moda, música y, ¡claro está! relojes congelados en esculturas gigantes.
En la década de los 80 tenías que ser el perdedor con la cara llena de granos del videoclub o ser un avanzado para la época para poder hacerte con una copia ilegal del Nekromantik de Jörg Buttgereit. Gracias a esto, y al hecho de que hace películas geniales, Jörg se ha convertido en el talismán del Gore alemán. Sus obras maestras propias de enfermos se han enfrentado tanto a la censura que aún a día de hoy, todavía resulta jodidamente difícil conseguir copias —Nekromantik II: The Return of the Loving Dead, por ejemplo fue confiscada por el Estado y el caso judicial duró dos largos años hasta que por fin salió la película en edición limitada.
¡Atención, habitantes de los madriles! Vice aterriza una vez más en la capital con una de esas fiestas de las que se habla con tono reverencial durante largo tiempo y son envidia de tirios y troyanos y en las que se bebe, se alterna y se sabe cuándo se entra pero cuándo se sale, ni en qué estado. Vale, es cierto, no tenemos abuela. Por otra parte, el estado del que saldréis de la fiesta que celebramos mañana martes, día 22, depende únicamente de vosotros: en esta ocasión os damos la oportunidad de salir del local más sanos y fuertes de lo que entrásteis.
Y es que el marketing del siglo XXI se basa en elegir estilos de vida y hacer que la gente “interiorice” tu marca, seduciendo a tus futuros clientes con fiestas y tal. Eso también se podría aplicar a Obey, que patrocina este sábado (hoy) una fiesta en la tienda Rift de BCN. Boicotéala si quieres. Por otro lado puedes ir, beber toda esa bebida gratis y demostrarles a los endemoniados hombres de traje que sus juegos para intelectuales no pegan con la fuerza de tus habilidades críticas. O también puedes dejar de tomártelo todo tan en serio y pasarlo bien, coño. Hasta las 23:00 en c/ Fernadina 31
Nos ponía algo nerviosos conocer a Gori de Palma… No es que fuese Karl Lagerfeld o algo así, el problema era que no entendemos ni UNA sola palabra de castellano. Así que decidimos, por eso de conocernos y sentirnos a gusto con él, quedar la noche anterior para tomar unas cañas y cenar. Todo fue muy bien y de una conducta muy profesional. Logramos comunicarnos mediante señas y mucha gesticulación. A eso de la 1 de la madrugada, cuando pensábamos ir a dormir, todo cambió.
Norberto Mena lleva años en el firmamento de los skaters euskaldunes, vascos o como prefieras que lo diga, y también dejando trastos con pintura y tinta en muchos de los mismos sitios. Este viernes se inaugura su expo en la galería Apetit de Bilbao. Va a molar, y además el tipo tiene una pinta entre macarra y pasado que hace que te caiga bien. Eso de lo multidiciplinar está muy de moda últimamente y, joder, es que mola, porque si haces una cosa de puta madre… ¿a santo de qué no vas a poder usarla de plataforma para mostrar todas esas otras cosas que haces en el tiempo que te queda? Fíjate si no en Jennifer Lopez o en Kylie Minogue.Artistas polifacéticas, sí.
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