
Todas las fiestas de pueblo del mundo son básicamente variaciones de la misma situación lamentable: ya sabes, de repente te ves atado a los colegas de mierda que sólo ves una vez al año y a los que por supuesto sólo aguantas porque estás seriamente borracho. Incluso el carnaval de Notting Hill de Londres es sólo una canción y ladrones, muchos ladrones. La verdad es que nunca le he encontrado la gracia a estar a las 8 de la mañana liando porros en un parque infantil y aguantando los gritos de “'¡Camarero!.... ¡¿Qué?!” de una panda de energúmenos que parecen recién fugados de la jaula de los monos del zoo. Dicho esto, las fiestas de la Quebrada de Humahuaca (en la frontera entre Argentina y Bolivia) sí parece una forma divertida de despedir el verano. A pesar de todo lo indígena y lejano que me resulta, no tengo ninguna duda de que en esas fiestas habrá por lo menos un tarado con esas gafas rayadas tan estúpidas cantando medio desnudo y cubata en mano el himno de cualquier equipo de fútbol. Pero por lo menos no hay policía disolviendo el botellón.)FOTOS DE GERARDO MASTROESTEFANO
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