Japón, uno de los países más estimulantes del mundo, ofrece a sus visitantes un sinfín de cositas insólitas y exclusivas de esas que sólo se ven una vez en la vida. La mayoría de los turistas acuden a los templos y a las ceremonias del té con la intención de comprender algo muy complicado y muy “profundo” de la cultura japonesa que ni yo, una nativa del país, he llegado a ver nunca; sin embargo, en Japón hay muchos otros lugares que pueden visitarse y “comprenderse” de inmediato. Uno de esos lugares es el Museo de Parasitología, en Meguro.
A este bicho lo descubrieron en los intestinos de un cerdo.
¿Que no es para tanto? Vale, tío duro. ¡Quizá el siguiente te haga cambiar de opinión!
Un gusano de casi nueve metros de largo que salió de los intestinos de algún desgraciado. Al parecer, había larvas en la carne de trucha de su ración de sushi, y éstas crecieron en su interior. Se enteró de que estaba parasitado tres meses después, cuando encontró un trozo del cuerpo del gusano en la taza del wáter. A los niños japoneses les encanta el museo. “Estamos aquí para realizar unos estudios de verano”, me contó el del centro. La traca final. Qué, ¿a alguien le apetecen unos percebes?
AMI KANEKO
Sindicar este sitio (XML)
Comentarios