El Chino tenía permiso para sacar fotos de lo que le diera la gana; por ejemplo, esta fiesta de disfraces en Halloween de 1989.
Tú sí que eres enrrollado. Y tú sí que sabes cómo pegarte una buena fiesta, ¿no es cierto? Pues no. No lo sabes. Tus fiestas de levadura y laxantes con dos chicas anémicas potando en el wáter no son nada comparadas con las que se montaba Pablo Escobar en los años 80 en su rancho de 4.500 hectáreas. Por si no sabes de quién te estamos hablando: Escobar fue el jefe del cártel de Medellín, que dependiendo de tu punto de vista aterrorizó a la población o contribuyó enormemente a la economía colombiana durante los años dorados del narcotráfico. De todas formas, para ser un tipo que en un momento dado llegó a controlar el 80% de toda la coca que circulaba en el mundo y que tenía a todo Dios, de la CIA al Delta Force, tras sus huellas, parece que Escobar sabía divertirse. Los fotos que aquí ves proceden de la colección de Edgar Jiménez, el Chino, compañero de clase de Escobar y más tarde su fotógrafo oficial durante sus años de reinado. Después de las fotos, puedes echar un vistazo al documental VBS Meets...El Chino, ya en VBS.TV.
El presidio de Abashiri es el más célebre centro de confinamiento de la era Meiji. Construído en los remotos confines del este de Hokkaido, criminales peligrosos y represaliados políticos se hacinaban en este pequeño agujero del infierno para cumplir en soledad largas, a veces indefinidas condenas. El crudo clima siberiano se cobró tantas vidas como las terribles condiciones de vida del entorno. A los japoneses no les gustan cosas tristes y lóbregas como estas, y es por eso que desmantelaron el complejo y lo reconstruyeron en una colina a un par de kilómetros de distancia, convirtiéndolo en una especie de divertida Disneylandia llena de muñecos y maniquíes animatrónicos. Tras el traslado, una nueva prisión de alta seguridad, todavía hoy operativa, fue construída en su lugar. Pese a no alcanzar ni de lejos los extremos de dureza de aquel antiguo gulag de Abashiri, una estancia allí no debe ser precisamente como unas vacaciones en el campo.
Las lesbianas mienten. Es un hecho. Pueden llevar buenos tatuajes y ser capaces de hablar de sufismo sin parecerse uno de esos “artistas” viejuchos que se pasan el verano vendiendo pinturas surrealistas hechas con acrílicos en San Antonio (Ibiza). Pero con las bolleras no puede uno confiar.
El fin de semana pasado estaba una buena amiga mía –una marimacho sumisa, metro ochenta de altura– y ella sugirió que podríamos ir a ver Enemigos Públicos.
"Por si no lo sabías, los crematorios que en España se promocionan desde hace años como exponente de modernidad y respeto por los que se van al otro barrio, son altamente contaminantes. En la cremación de una persona se pueden quemar junto con el muerto un montón de cosas, todo un ranking macabro de la insalubridad ambiental..."
Me interesan los freaks. Chicos muy altos y
delgados, de tez pálida, con pinta de estar a punto de morir. O chicos sordos, o chicos que aparentan tener un ligero retraso mental.
Básicamente, cualquier chico con pinta de haber sufrido acoso escolar. Sin
embargo, desde que me he sumergido en el universo de los bichos raros de verdad, los hipsters obsesionados con lo último en moda, a veces tengo problemas para distinguir la clase de chicos que busco. En fin, os cuento esto porque buscando a mi novio freak, puse
un anuncio en gumtree.com contando mi amor por las anomalías genéticas.
Zaida es una neoyorquina medio egipcia y ultra inteligente. Acaba de volver de un viaje por El Cairo, habla un porrón de idiomas y este verano anda enfrascada en un estudio con monos cuyo objetivo es averiguar cosas nuevas sobre la interacción y las relaciones entre primates, y su posible aplicación a la especie humana.
También es una fumeta de aúpa. Uff, demos una calurosa bienvenida a nuestra nueva chica favorita de la serie Shot By Kern.
Muy pronto podrás descubrir muchas más cosas sobre Zaida en VBS.TV.
Idóneo para escribir cosas como "Hoy me siento mal y tengo miedo / miedo de todo lo que escribiste sobre mí. / Me gustaría poder luchar, enfrentarme a ello / pero ya no hay nada por lo que luchar. / Sólo hay soledad. / Soledad y dolor. / Cómo me gustaría abrazarte bajo la lluvia. / Bajo la lluvia."
Ay, pobre chucho. ¿Qué
te pasa? ¿Qué tienes mucho calor? Pues que te jodan. Este verano me he visto
condenado por motivos de curro a quedarme en Murcia. Y pasa que que Murcia en
verano no es una ciudad, es el peor de los infiernos. Y no estoy hablando metafóricamente
. El pasado julio, mis ojos semiderretidos
vieron un termómetro callejero que marcaba 56 grados a la sombra. Era como la llegada
oficial de La Calóh, acompañada de la delirante visión de llamas de fuego montando
a caballo al son de la banda sonora de Lucifer Rising.
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