Según parece, existía entonces en el país algo llamado “Escena Artística Afgana”, cuya figura central era Amanullah Haiderzad, quien actuamente detenta el cargo de “Consejero Artístico” para Hamid Karsai. Desconocemos qué se supone que significa exactamente ese título en un país cuyas infraestructuras y sistema educativo no pasan, como mucho, de rudimentarias. En 1980 el escultor huyó a Peshawar (Pakistán) a través del paso de Khyber, con un grupo de sus estudiantes de la Escuela de Arte de Kabul, animándoles a ayudar a otros refugiados a canalizar sus frustraciones a través del arte.
Con el paso del tiempo, y tras atravesar varias guerras más, esta forma de terapia se consolidó, creándose un pequeño negocio alrededor y convirtiendo las obras resultantes en piezas de arte perfectamente aceptadas. Aunque las alfombras bélicas existen desde hace sólo un cuarto de siglo, pueden distinguirse ya tres etapas diferentes.
Las primeras alfombras se tejieron durante la era de la ocupación soviética. Tras abandonar los Soviets el país en 1989, aparecieron un buen montón de alfombras con motivos de mártires, lo cual puede asociarse con las luchas por el poder de los muyahidines y su posterior reinado. La gente no tejió muchas alfombras bajo la ley talibán: el simple hecho de gozar visualmente con un conjunto armonioso de colores ya te hacía merecedor de una lapidación.
La tercera etapa de las alfombras bélicas se inició con el 9/11, los bombardeos de la OTAN y la llegada al poder de Karzai. Desde entonces, estas alfombras se han convertido en un importante producto de exportación afgano (por supuesto, un millón de veces por debajo del opio). ¿La razón? Que los soldados de las fuerzas de seguridad internacionales las compran a montones para llevárselas a sus países y después venderlas en eBay. Os mostramos a continuación algunas de nuestras favoritas:
Ésta vendría a ser la Carta Magna de la guerra Hindu Kush. Se trata de una de las alfombras bélicas más antiguas y muestra el ataque al castillo durante el golpe de estado de 1978 en Kabul.
Un verdadero clásico que muestra el arsenal ruso de los 80, de los BMT’s a los lanzagranadas y los populares rifles AK. Colócala al lado de la chimenea y fijo que te chuscas a esa alemana buenorra que sólo lee libros sobre la Facción del Ejército Rojo.
Esta alfombra luce un AK con cargador anaranjado que sólo utilizaban las Fuerzas Especiales rusas. Una pieza cara y difícil de encontrar.
Guerra, alfombras artesanales y arte postmoderno. ¿Quién da más?
El portaaviones situado abajo quizá implique que los americanos son culpables no sólo de la guerra, sino también de los ataques del 9/11. Pero resulta todo un poco confuso, y no capto la conexión que pueda haber entre el misil que hay a la derecha y la paloma de la paz del centro. ¿Alguien tiene alguna idea?
Ahmad Shah Massoud. Vaya una filigrana, ¿eh? Puede apreciarse la belleza de todos y cada uno de los píxeles que componían la foto digital original.
FELIX NICKLAS
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estoy pensando seriamente en la posibilidad de hacerme con la penúltima alfombra que sacáis. ¿dónde se compran?
Publicado por: forlon | 17/08/09 en 15:49
YO ME SIGO QUEDANDO CON LA TOALLA PLAYERA DE MI VIEJO: UNA PORTADA DE EL PERIÓDICO CON LA NOTICIA DEL SECUESTRO DE QUINI. SUPERAD ESO.
Publicado por: perezperez | 18/08/09 en 14:06
Hostia, tío, quiero ver una foto de eso. ¡Una toalla con el secuestro de Quini! ¡Brutal!
Publicado por: Viriato | 18/08/09 en 14:22