Errol Flynn: Aventuras de un vividor
Autobiografía
T&B
Errol Flynn era uno de los nuestros. Esta frase es tan imprecisa como mentirosa. ¿De los nuestros? ¿De qué nuestros? Ya me gustaría a mí (que he escrito la frase) ser de los suyos. No ya por el cine, que también: ponerse unas mallas verdes, saltar de cortina en cortina, partir flechas por la mitad y matar al sheriff de Nottingham debería ser la fantasía infantil de cualquier persona medio normal. No por eso, no. Sino por lo que vino después, cuando seguías viendo a Robin Hood o al Capitán Blood con unos años más y allí estaba ella: Olivia de Havilland, la mujer que justificó la invención de los escotes y la ropa ajustada mucho antes de que una Scarlett Johanson cualquiera se lanzara al mundo a hacer promociones de Central Lechera Asturiana cada vez que sus tetas asoman por la pantalla. En “Aventuras de un vividor” está Olivia de Havilland, claro, pero también mucho más y muchas más: en esencia, la vida de Errol Flynn no deja de ser un manual de cine, literatura, drogas, borracheras y chavalas en la primera mitad del siglo XX. O sea, todo eso que nos gusta. Pero multiplicado por mil.
Lo peor de todo, lo que realmente a uno le hace enfadar, es que encima el tío escribe bien. Sin ningún tipo de humildad, Errol Flynn se jacta de que, además de haberse bebido hasta el agua de los floreros y de haberse calzado a medio mundo, se leyó todos los clásicos habidos y por haber. Y se nota: es irritante comprobar cómo alguien que vivió en una constante búsqueda de placer encima de la erupción de un volcán sacó tiempo para escribir tan divertidamente como Woodehouse o Chesterton, saltándose la pesadez de los grandes cuadros morales para ir directamente a lo que nos interesa, a las anécdotas.
Le enterraron con seis botellas de whisky (los más listos de vosotros habréis deducido que esto no sale en la autobiografía) al año de haber terminado un libro que se va apagando con un tono crepuscular, como preguntándose de qué le han servido las juergas, las mujeres, las drogas y el cine si él todo lo que quiso siempre era vivir al lado del mar. Con la rabia que dan semejantes reflexiones, se acaba cerrando “Aventuras de un vividor” pensando que él, por lo menos no tendrá que emborrachar a la primera que pille el viernes para despertarse el sábado pensando quién es el callo que hay al otro lado de la cama y por qué te gastaste, una vez más, mogollón de pasta en pillar laxante de bebés a precio de mandanga para jugadores del Barça.
DANIEL LÓPEZ VALLE
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las aventuras de un vividor es buenisimo! me encanto!
Publicado por: online pharmacy | 18/12/09 en 16:27