Hace tiempo escuché hablar de un proyecto que pretendía conectar todos los ordenadores del mundo y usar su capacidad para decodificar las señales electromagnéticas que nos llegasen desde el espacio exterior. Tenía que ver con el tema de la vida extraterrestre, claro, por si nos mandaban un mensaje. Era un poco como mirar continuamente si tienes cobertura mientras esperas a que te llame Angelina Jolie (sin conocerla de nada, claro). En fin, la cosa funcionaba bajándose una especie de salvapantallas que ponía a tu ordenador a decodificar señales mientras tú no lo usabas. Tu máquina ayudaba a iluminar los misterios del universo mientras tú estabas vagueando en el váter…
No sé si el proyecto sigue activo, pero aprovechar los tiempos muertos de millones de ordenadores para ponerlos a currar era una idea cojonuda. Aunque hacerte el café sólo te cueste 2 minutos, las horas están compuestas de minutos y si un millón de ordenadores trabajan cada día durante esos dos minutos, tienes más de 33.000 horas, casi cuatro años de trabajo cada día. Se calcula que actualmente funcionan más de mil millones de ordenadores a nivel mundial.
Pero bueno, ya estamos hablando de chorradas. Estos cálculos son como pensar que si recogieras todas las monedas que la gente perderá este año en la playa no tendrías que trabajar nunca más en toda tu vida. Ni tú ni tus hijos. Pero todas esas son monedas perdidas, nadie las va a encontrar y menos TODAS. Con el tiempo pasa lo mismo. Lo desperdiciamos. Miramos programas absurdos en la tele, hablamos del tiempo o nos sumergimos en Internet. Lo perdemos y ya está.
¿Cuánto tiempo has pasado la última semana en una de las llamadas “redes sociales”? Seguramente menos que hace un año, pero un ratillo, fijo. Y seguro que en ese tiempo no has estado haciendo mucha cosa de provecho, sino que te lo has pasado abriendo galletas de la suerte o averiguando qué banda de los 90 eres. Eso está bien, no pasa nada, pero si lo que quieres es perder el tiempo en serio, entra en el grupo The Lying Down Game © de Facebook y verás. El juego se trata de hacerse fotos echado y cara al suelo, los pies apuntando hacia abajo y los brazos a los lados. “Tienes que estar como si estuvieras de pie”, dice Gary Clarkson, su creador, un vendedor de baldosas del sur de Inglaterra.
Gary cuenta que al principio esto era un juego entre sus colegas para quedarse con la peña: preguntaban la hora por la calle a cualquier pringao y luego se tumbaban en el suelo a ver qué pasaba. Con el tiempo se empezaron a hacer fotos en plena acción y un día, a uno de los colegas se le ocurrió crear un grupo en el Facebook. Entonces todo explotó. Mientras escribo esto el grupo tiene más de 36.000 socios y hay 7.978 fotos de gente haciendo el ganso con la tocha apuntando al suelo en los sitios más raros que te puedas imaginar. Míralo ahora, me juego lo que quieras a que ya son muchos más. Podríamos comenzar otra vez a calcular el tiempo perdido, pero no hace falta, ¿no? Pronto sumará siglos.
Un juego tonto entre colegas se convierte en un movimiento de pérdida de tiempo global, pero es que todo lo que pasa por estas redes se amplifica más que un concierto de Manowar. Y da un poco de miedo y de risa (como un concierto de Manowar). Por ejemplo, tenemos a una futura monja de 31 años de Turín que ha tenido que demandar a un antiguo novio que, en un desesperado intento de que ella no se meta en el convento, ha colgado unas fotos que le hizo a la novicia en bolas durante unas vacaciones en Sicilia en 2006. Mientras la cosa llega a los tribunales, Italia está revolucionada y la red está medio colapsada a causa de toda la gente que quiere entrar a ver las fotos. ¿Será porque no hay fotos de tías en bolas en Internet? ¡Incluso de monjas desnudas en Internet! “Si todas las monjas son así, yo me voy a hacer cura”, ha declarado un lumbreras local, poniendo en palabras el sentimiento de un país.
La chica será defendida en los tribunales por Anna Orecchioni, una abogada romana que tiene experiencia en casos con religiosos implicados, como el del imán que dio positivo en un control de alcoholemia y se defendió diciendo que él respetaba la ley coránica y no bebía. O el del párroco que también fue pillado al soplar después de haber celebrado cuatro misas ese mismo día.
La futura monja ha elegido bien porque Orecchioni demostró que el positivo del imán se debía a un medicamento para el asma y pretende librar al cura alegando que su estado “no era debido a una consciente y voluntaria ingesta de alcohol”. Me encanta la excusa del cura. Si os para la poli ya sabéis: “Estoy a dos minutos del coma etílico, pero escúcheme agente, yo no quería beber”.
JUANJO VILLALBA
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Jajajaja!!!!!
Qué bueno el artículo!!!
(como un concierto de Manowar)
Publicado por: kebab | 23/07/09 en 18:40