Es el hombre que en nuestra revista ensalza o hace trizas libros, libritos y libracos, cómics, fanzines y folletos, y sólo por eso ya merecería nuestro más fervoroso aplauso puestos en pie. Sí, es verdad; Rubén es uno de los nuestros, y aquí cuidamos de la familia. Capici? Pero ojo, que el señor Lardín es también un hombre que ha leído de todo y en cantidad, más que yo y posiblemente que tú, y algo se le ha quedado. ¿Algo? No. Mucho. Además de artículos, reseñas y guiones, Rubén es autor de varios libros, y este miércoles día 28 presentará su obra más reciente, Imbécil y Desnudo, en la sección de libros de la FNAC Triangle (Barcelona), y el martes día 3 de febrero en la FNAC Callao de Madrid.
Si asistís al magno acto le conoceréis en carne y hueso, estrecharéis su mano si os deja y podréis preguntarle cosillas. Como, por ejemplo, qué diantre es eso de la descojonación.
La construcción del pensamiento nunca ha sido posible desde la mera aceptación de las nociones heredadas; antes bien, cada individuo está obligado a partir de cero en la conquista de un pensar propio, cuestionando todo lo sabido (y aún más lo consabido) y comprobando por sí mismo cada supuesta verdad. En este dietario publicado con forma de blog entre diciembre de 2006 y abril de 2008, Rubén Lardín se sirve de métodos aparentemente destructivos para fundar ese pensar auténtico: desacralizar mitos, violar tabúes, atentar contra los totems de nuestra cultura y, en suma, meter el dedo en el ojo de todo lo intocable. Y aunque por momentos el frenesí alcanza cotas de orgía, de carnaval sangriento, tras el polvo que levanta cada página asistimos a la formación de nuevos modos de concebir y analizar el mundo, o si se quiere, el vasto y superpoblado mundo de Lardín, cuyos referentes van desde el cómic al cine de serie B, del porno a la literatura maldita (y la maldita literatura), del arte contemporáneo a los toros, e incluyen nombres como los de Robert Crumb, Francisco Umbral, George Bataille, Ennio Morricone, José Tomás, Roland Topor, Dario Argento o Louis Aragon: hitos de una geografía densa y compleja, accidentada siempre y siempre fascinante.
(De la contraportada)
«Rubén Lardín me intimida: toma unas notitas en su blog y nos pone a todos en nuestro lugar. Leyéndole tiene uno la impresión de que teclear una crónica abreviada de lo que te ha pasado a lo largo de la jornada –bien sea por dentro o por fuera de la cabeza– basta y sobra para provocar emociones genuinas, para abrir espacio a la reflexión, para cautivar al personal. Con Rubén parece que siempre estén pasando cosas interesantes, sea en el plano real o en el área delimitada por las paredes interiores del cráneo, y que si no atinas a articularlas es porque eres subnormal. No cabe duda de que, como primera obra, un dietario como dios manda puede ser tan válido como una novela, por más que decenas de miles de bloggers se empeñen a diario en demostrar lo contrario. Me consta que Rubén ha empezado alguna, y que ha ido depurándola a conciencia hasta hacerla desaparecer por completo. Sus dietarios no corren mucha mejor suerte: una vez se cansa de ellos, los arranca de la red como quien se quita una costra, dejándonos perplejos y humillados frente a la cicatriz del 404 URL not found. El afán de erradicación de la propia obra es una monomanía muy suya y muy infrecuente en los tiempos de egocentrismo que corren, y digo yo que podríamos abordar el texto por ahí, informando al respetable de que este libro es de por sí una improbabilidad, porque nunca tuvo intención de ser tal.»
Sergi Puertas, del prólogo.
«Ha pasado ya un tiempo de todas estas veleidades cotidianas, de mis catástrofes y mis cosas aquí compiladas sin arco narrativo consciente. Hace ya mucho y esto ya no es un post. Nunca antes había leído del tirón la cantidad de sandeces que llegué a escribir ahí. Ahora lo he hecho y me gustaría ser otro cuando intento asimilarme, cuando veo cómo la indignación me cebaba las letras, cuando recuerdo lo de Manta Ray de "qué niño soy, qué sucio estoy", cuando me veo el puer aeternus y cuando compruebo que en papel la lectura se ralentiza y las costuras quedan más a la vista. También he leído la contraportada y me ha parecido de cachondeo, pero está todo bien, está todo en orden y me puede la vanidad, claro, y no me permito pensarlo dos veces y a la primera tentativa doy a imprenta todo este diario de la nada, aunque hasta a mí me crispo.»
Rubén Lardín, del epílogo.
Sindicar este sitio (XML)
POR FIN. Le había perdido la pista desde que cerró "El Anacoreta"!!
Publicado por: Lelaila | 27/01/09 en 14:33
Pues si, esta misma tarde voy a verle onemoretime.
Publicado por: Steam Monkey | 28/01/09 en 9:30
Este pájaro es uno de los tíos con más mala leche que jamás haya leído.
Publicado por: matarmatarmatar | 28/01/09 en 12:21