Agosto es, tradicionalmente, el mes en el que el abnegado maridito, que no bebe ni se fija en mujeres de moral dudosa, se queda en la ciudad porque tiene que currar en la oficina mientras su familia (señora, suegra, niños, perro y canario) se va a veranear a la costa. Así era hasta hace unos años, o así al menos se nos pintaba en vibrantes, certeros retratos costumbristas protagonizados a menudo por Juanjo Menéndez y López Vázquez, esos titanes. Ahora bien, la entrañable figura del Rodríguez de la capital ha cambiado en los últimos años, bien que no a causa de tener distintos apetitos carnales sino, básicamente, por un aumento de la oferta: antes el probo ciudadano se iba a los cabarets, ahora puede irse a cualquier sitio. Incluso a festivales de música rara rarísima. ¿Qué en Madrid no los hay? ¡Error! Sí los hay, y uno de ellos, el Bipolar, se celebra la semana que viene: concretamente los días 8, viernes, y 9, sábado.
Pocas declaraciones de identidad más diáfanas existen que los carteles que cuelgan de las paredes los estudiantes universitarios de primer año. Esos pósters con marco de aluminio que los infelices éstos le endilgan a la pared de su dormitorio a los pocos minutos de tomar posesión de su catre hablan bien a las claras de la imagen que desean proyectar: no es tan descarado como largarle al compañero de cuarto un panfleto titulado “Así es como quiero que pienses que soy”, pero casi. Se trata de una materia de estudio apasionante y digna del profesor Cojonciano, hasta el más lerdo estará de acuerdo, y puesto que el insigne profesor debe estar ocupado en otras cosas hemos decidido ser nosotros mismos quienes nos encarguemos de trazar la evolución de la decoración del típico apartamento universitario para dos personas, desde los días en que éramos nosotros los que simulábamos estar estudiando hasta sus más recientes encarnaciones. ¡Venga, acompañadnos!
¿Festivales? Pues sí, para qué negarlo, en España se celebran muchos. Muchísimos. Casi tantos como partidos de preparación se juegan en la pretemporada y anuncios se pasan en televisión cortando lo mejor de la película. Por eso VICE, en asociación con Gran Burbuja Producciones, nos resistimos a calificar de festival el SEAT WIND EXPERIENCE, que es un festival pero al mismo tiempo… es otra cosa. ¿El qué? Pues dejémoslo en que montaremos una señora fiesta, muy bailonga ella, ante la playa de Tarifa. Todo un planazo para el próximo 23 de agosto.
Coincidiendo con nuestro Especial México, queríamos mostraros la espectacular serie El Opio del Pueblo de Roc Herms, uno de nuestros fotógrafos españoles favoritos. Aprovechamos la ocasión para ingerir una buena dosis de cafeína en compañía del autor y charlar un poco sobre estas fotos de merchandising cristiano rebosantes de color y devoción que le valieron el puesto de finalista en Descubrimientos Photoespaña 2008.
Vice: ¿Cómo surgió la serie “El opio del pueblo”? Roc: Fue más bien una vía de escape. Llevaba dos años como director de arte y estaba saturado, así que me fui con mi cámara a México, sin billete de vuelta. No tenía ninguna idea preconcebida de lo que podría encontrar. Al final me quedé tres meses y recorrí la mayor parte de ciudades y de pueblos rurales.
Con este lema se exime de responsabilidad David Firth, quien desde hace tiempo mantiene en Internet un subversiva serie cómica objeto de culto, como todo lo que el hombre hace. David es, a grandes rasgos, la mayor contribución que los ingleses han hecho a la red de redes desde su invención. Su trabajo, ya se trate de películas de animación (Salad Fingers) o falsos documentales (Devvo), ha dado pie a incontables parodias y tributos de fans. Al cómico, periodista y presentador de televisión Charlie Brooker le gusta tanto lo que hace Finch que decidió encargarle una serie de dibujos animados para su programa en la BBC, Screenwipe. También a nosotros nos molan bastante las pasadas de rosca de Finch, de modo que quedamos para entrevistarle. Un excusa tan buena como cualquier otra para poder poner unas cuantas muestras en este blog, que es algo que llevábamos tiempo queriendo hacer.
Nos alegramos de saber que la publicación eXile de Mark Ames ha encontrado un sitio seguro en Panamá para poder reanudar la cobertura de lo más absurdo que puede generar la cultura de todo el mundo, excepto algunas partes de África. Por si a caso te has perdido todo el drama, el pasado mes unos anormales del Servicio de Protección del Patrimonio Cultural de Rusia cerraron la edición impresa por criticar y mofarse del gobierno de Putin y Medvedev y por dar una columna a Edward Limonov, el líder del partido nacional bolchevique que está en la cárcel, entre otras cosas. Durante un par de semanas parecía que el futuro de eXile sería el mismo que el de NY Press, pero un grupo de lectores organizó un fondo común para salvar la publicación y antes de que nos diéramos cuenta ya estábamos leyendo ataques mordaces a figuras políticas de las que nunca habíamos oído hablar y viendo cómo se matan adolescentes borrachos. Ahora sólo nos falta aguardar con ansia el retorno de nuestros favoritos, los casi semanales Face Control y Death Porn, con los informes criminales más chungos que puedas imaginar.
"He estado yendo a presidio una vez por semana desde hace dos años, quedándome allí unas siete horas. Eso significa que me he pasado cerca de 500 horas en la trena. Trabé amistad con algunos prisioneros y les propuse un trato. Yo emplearía un tiempo pactado, a un día y una hora concretas, en hacer tareas para ellos fuera del presidio, y ellos harían lo propio con trabajos artísticos que yo les encargaría".
Este artículo intenta hacernos creer que lo que hacen algunos necios con sus coches es “arte”, describe eso no-musical en lo que están metidos los negros de Nueva Orleans como algo "muy funky” y explica el significado coloquial de la palabra “hot”. Da escalofríos y vergüenza ajena pero, en el último minuto, se salva milagrosamente cuando explica que un tío se gastó más de 800 dólares en cubrir su coche de pegatinas con la imagen de un billete de 100 dólares: “Si estuviera conduciendo detrás de un camión blindado y empezara a salir dinero, seguramente mi coche quedaría así”. Muy bien, campeón, te lo has currado.
Imagínate lo absurdo que sería ir a la playa con los churumbeles para ver a un puñado de jets ensordecedores a 30 metros de vuestras cabezas y en lugar de eso te encuentras con una manada de sombrillas voladoras que tratan de empalarte. Y todo eso mientras una panda de críos emporrados hasta las cejas intenta advertiros del peligro a gritos desde una ventana (cerrada) que está a más de 30 metros de distancia. Vaya plan...
Ya tardáis en agenciaros el formidable libro True Norwegian Black Metal, editado por Vice Books. Dos cientas ocho luciferinas páginas en las que el fotógrafo norteamericano Peter Beste, que ya había publicado trabajos sobre la cultura rap de Houston, la América rural y la escena grime de Londres, documenta nada menos que siete años de inmersión en esta peculiar, extrema y, para qué negarlo, divertida subcultura. Una espectacular galería de fotos protagonizada por miembros de grupos como Gorgoroth, 1349, Darkthrone, Enslaved o Immortal. Echad un vistazo a la pequeña muestra que os presentamos a continuación; si eso no os convence ved más fotos aquí, y cuando ya lo tengáis claro compradlo AQUÍ.
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