Casi una vez por semana, me enamoro en el metro. Siempre me pasa cuando estoy pensando en como sería entrevistar a Jason Pierce o imaginando el mundo sin el negocio de los zapatos, y entonces viene una tía caminando en direción contraria. Sé que ES mi novia por la manera en que anda pensando en como sería entrevistar a la riot grrrl Kathleen Hannah, y por esa camiseta suelta que me pone muy burro. Cuando alguien te mola tanto en un sitio tan falto de posibilidades de ligoteo como el metro es como ver salir una flor de la tierra cauterizada de Chernobyl.
Enseguida me pongo a imaginar nuestra casa en Hill County, Texas, y veo
a Bill Calahan haciendo la parrilla y nos veo besándonos ligeramente
mientras nuestra Golden Retriever persigue mariposas. Es entonces
cuando la tía me mira y todo se va al carajo. No puedo ignorarla,
claro, y la sonrisa de violador a tiempo parcial no me conviene nada.
Así que le echo una mirada como diciendo “muérete ya, hija de puta”. Es
como en las pelis cuando los robots se vuelven malos al adquirir
demasiada conciencia.
Entre el último minuto que pillé de la olímpica sesión de ruido (vamos,
8 minutos) que tocó Au en El Patio de Las Maravillas, y la tristeza
elemental que fue Merzbow el domingo pasado, me acerqué a una rave en
un túnel bajo la M-50. Tras dos horas con los colegas en el coche
diciéndome que iba a flipar con el lugar, me encontré un anticlímax
abismal. Era como estar en un clip de los Chemical Brothers. Además, el
hard techno y minimal que suelen pinchar en las raves de por aquí me
aburre más que las películas de Sofia Coppola.
Lo que sí fue divertido fue ver a DJ Scotch Egg machacar a esos
“gameboys” como si de un samurai del thrash metal se tratara. Lanzó
huevos duros al público y llevaba con él un tío vestido de pollo que
bailaba y hacía molinillos en el escenario. La gente no se animó nada.
Madrid se está convirtiendo en el Londres de hace 5 años, cuando todo
el mundo se quedó inmóvil en los conciertos, casi aguantando la
respiración para no echar a perder su aureola cool. Como decía Tim
Exile: “ I get it. You’re an art crowd. You want noise without beats.”
Pues, ¿sabes qué, Madrid? Que te jodan: yo voy a bailar como el tío que
ví en el Sweet la semana pasada – un estilo a lo block party de
Brooklyn en 1992 pero con un toque somalí. Si este tío os viera
bailando con las manos en los bolsillos, moviendo las cabezas como
retrasados, se moriría de la risa.
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Publicado por: KristineWaters27 | 30/07/12 en 9:28